Luis Ordaz (1912-1976)

Arte Venezolano

Luis Ordaz

Fuente: libro Luis Ordaz, Pintor Surrealista, Ediciones Arte Moderno, Caracas, 1966

 

Ordaz Luis (1912-1976)

Nace en Cua, Estado Miranda

Eduardo Blanco Estrada ha señalado: “La pintura de Ordaz es de un valor plástico enorme, por cuanto son piezas autobiográficas y tratadas con un estilo personalísimo.

Ausente de padre y huérfano de madre a temprana edad, es criado por su madrina, en la parroquia de Altagracia.

En 1925 asiste a clases nocturnas en la Academia de Bellas Artes de Caracas, ubicada en la Esquina de Santa Capilla, ya que durante el día debe emprender variados oficios para poder mantenerse.

Entre sus profesores los muy distinguidos López Méndez, Esteban Frías, Pedro Ángel González, Narváez, Antonio Edmundo Monsanto.

Alumno dedicado y entusiasta como lo demuestran algunas de las pocas piezas de esa primera etapa que se conocen; por ejemplo, Jarrón con Flores, magistralmente ejecutado

Observe que la fuente de luz del jarrón y de las frutas proviene de la derecha; y por el contrario; la luz del contexto de fondo proviene del lado izquierdo; de esta forma consigue una sensación de equilibrio.

El centro de flores color naranja sobresale más allá del blanco de las restantes, que a su vez constituyen una fuente adicional de luz y la mayor claridad de la pieza.

Excelente obra


Jarrón con flores, año 1932, óleo sobre tela, medidas 64,5x47,3 cms
Colección Galería de Arte Nacional

En 1937, Rafael Monasterios quien siempre le tuvo aprecio, lo anima a establecerse en Barquisimeto para organizar la Escuela de Artes Plásticas de dicha ciudad, por lo cual Ordaz es uno de sus fundadores.

Época clave en su vida, donde muy probablemente se sintió valorado como profesor, labor que ejerció en dicha Escuela por cuatro años; de 1937 a 1941, para luego retornar a Caracas

Otra de las pocas piezas de su etapa temprana; que se conocen es La Procesión de Las Mercedes; realizada en marrones, grises y sepias, cromatismo inteligentísimo y muy coherente con la solemnidad de la escena, cargada de espiritualidad.

Procesión de Las Mercedes, óleo sobre madera, 45x35 cms, año 1940

Con un encuadre muy ventajoso para el espectador, quien de manera intimista puede apreciar tanto a los feligreses, como a la imagen venerada; y al fondo la iglesia.

Hay ambiente de alegría, y festividad; pero al mismo tiempo de respeto, unión, compromiso y devoción…en acertada disposición de planos en lejanía ascendente hasta llegar al cielo.

Ya en esta Procesión se advierte una evolución estilística en referencia a la pieza floral, comentada al inicio.

Con mucho menos apego a la realidad fáctica, logra con pocos trazos directos y libres plasmar una escena convincente en fisionomías. ropajes, arquitectura circundante, etc

Se aprecia una tendencia a la síntesis; y a destacar lo fundamental

Otra prueba contundente de su excelente calidad pictórica vendría durante el año 1941 cuando obtiene un premio en el competido Salón de Artes Plásticas de Santiago de Chile, con una obra bodegón

En cuanto a paisajes, que a la postre sería su género de dedicación se aprecian encuadres tradicionales con el punto de mayor alejamiento al centro.


El Caserío, año 1945

Aunque esta imagen está disponible solo en blanco y negro, constituye un valioso testimonio para ayudar a entender su evolución.

La siguiente obra data de 1948, y ya incorpora personajes diminutos en sus faenas de trabajo.

Están lejanos, como sería su estilo definitivo y bastante disimulados en la base de la edificación,


Horno para hacer ladrillos, año 1948, óleo sobre masonite, 46,5x60,2 cms
Colección Galería de Arte Nacional

Ya en 1950 agregaría mucha más libertad y fantasía logrando piezas con gran dinamismo y apelaciones abstraccionistas


Paisaje sinfónico, año 1950, óleo sobre cartón, 27x24,9 cms
Colección Museo Arturo Michelena

Vale destacar que el año de 1953 representa un punto de quiebre en la vida de Luis Ordaz; ya que fue rescatado en estado de gran deterioro físico, por consumo alcohólico; con un posible cuadro de delirium tremens y algunos indicios de esquizofrenia.

Fue tratado en el Hospital Psiquiátrico de Caracas; en el cual permaneció internado durante 23 años hasta su muerte por cáncer. Se piensa que cuando ingresó, pudo ya haber tenido algún impacto orgánico.

Lo relevante es que Ordaz retornó a la pintura, cuando pudo, para traernos una gama de paisajes maravillosos, basados en sus mejores recuerdos.

Como evidencia de su recuperación física realiza su primera exposición individual en 1966, a la cual se sumarían otras diez.

Tal progreso también se evidenció en la soltura de su trazo y en el colorido intencional, y acorde a sus distintos estados anímicos.

Insisto en destacar que aun cuando confrontó problemas de alcoholismo, la mayoría de las obras que conocemos de Luis Ordaz, son posteriores a 1953, y no fueron ejecutadas bajo tal influencia.

A partir de entonces el paisaje sería más abierto y cargado de dinamismo, en aguas, cielos, hierbas o suelos

El bohío o choza, con techo de paja, sería la edificación más recurrente a plasmar en sus composiciones

A veces cercanos, generando una comunidad y con cielos de gran fantasía

A veces, establece gran continuidad entre el cielo y el contexto inferior; las nubes pueden llegar muy bajo y fusionare con el estrato más bajo de la pieza, con gran sensación de armonía

También, de manera habitual y con enorme regularidad,  incorporó aguas y canoas, siendo parte de su identidad

En la siguiente pieza, preste atención a la magistral resolución del cielo con pinceladas verticales y ascendentes; y que contrasta con el dinamismo de trazo horizontal para las aguas

Son paisajes expresionistas, lo que faculta a Luis Ordaz, para pintar las cosas del color que la emoción del momento le dicta…

Verá montañas y hasta árboles azules…

O escenas con una explosión cromática desbordante

Ordaz no es surrealista ni onírico; él vivió el paisaje larense, con chivos, crepúsculos y cielos multicolores

Sus personajes no son forzados; sino que están plenamente integrados a su contexto de vida; en su mayoría trabajando, pescando, sembrando, etc

Los títulos de sus obras son enormemente orientadores para comprender los roles de los personajes que usualmente agrega

Nombres como: Después de la faena; Siembra; Cosecha; Buscando Leña, etc; y algunas de las piezas que contienen agua se llaman: Lavandera; El regreso de la pesca; Cargadora de agua; la familia, Pescador solitario, etc

Pueden ser figuras mínimas, en lejanía, pero muy presentes…

Sin rostros ni protagonismos; muchas veces disimuladas pero que humanizan la escena

Sus composiciones tienen atmósfera, emotividad y dinamismo.

Ahora bien, las pinturas de Ordaz, como medio fundamental de expresión, tienen un valor esencial por su personalidad retraída. Mediante ellas está evocando y relatándonos varias de las experiencias que mayor significado tuvieron para él, y en las cuales muy probablemente se refugió emocionalmente.

Ordaz no tuvo casa ni familia; para él probablemente un bohío a la orilla de un río, con posibilidades de pescar, con un corral y un conuco era perfectamente una visión posible; un estilo de vida soñado

La reiterada escena larense, las cabras, los chivos, la tierra con escasa vegetación y los cielos coloridos, propios del atardecer de la región.

Esos paisajes provienen de una realidad vivida o experimentada; y no parecen producto de fantasías, imaginación o de un cuadro mental distorsionado, como algunos han querido señalar.

Alocado o fuera de contexto hubiese sido pintar insectos enormes, pingüinos, dinosaurios o animales inéditos; pero no; pintó chivos, cabras, gallinas, perros.

En cuando a sus escenas acuáticas, importante recordar que Ordaz fue también profesor años 1943-1944 en la Isla de Tacarigua, situada dentro del Lago de Valencia, y donde el medio cotidiano o habitual de arribo y traslado es la canoa o la embarcación de pequeño tamaño que debió tomar muchas veces.

Muy probablemente hayan sido las únicas ocasiones en las cuales Ordaz se subió a una lancha, y lo habrán marcado de alguna manera; tal vez por su ansiedad, nerviosismo o por la sensación de inestabilidad, etc

Esos parajes con chozas o bohíos, riqueza arqueológica y de fuerte tradición indígena, pueden perfectamente corresponderse a su contexto pictórico, que también ha debido recordar con atención y agrado; por cuanto era el responsable directo de una actividad didáctica sin el respaldo o cobijo del maestro Monasterios.

Además, son frecuentes las pequeñas caídas de agua que alimentan la laguna, a veces con mayor fuerza en época de lluvias.

Desde el punto de vista plástico, la obra de Ordaz es excelente. Su personalísimo uso del color, tanto en abordar cielos, suelos, aguas y hasta árboles con colores inusuales; como sus piezas monocromas las cuales son muy complejas de ejecutar, a fin de lograr la calidad que Ordaz consigue. Ya sean sepias, grises o azules, evocando la noche.

Luis Ordaz, uno de los grandes de la plástica Venezolana.

En resumen un pintor académico que fluyó hacia un paisaje expresionista y cargado de vida

Son obras extraordinarias, y el público conocedor siempre las ha sabido apreciar.”
 
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